Confirmación de un modelo.
Un nuevo trofeo alzado al cielo, otro triunfo para el deporte español y lo que es más valioso de todo: los años venideros prometen ser de una categoría espectacular.
¿Cuál es el secreto? Se preguntaban sorprendidos todos los daneses, suizos y españoles allí presentes al ver las triangulaciones exquisitas de nuestros pequeños jugones.
Esta bien, presten mucha atención porque se lo voy a tratar de explicar: Jugamos al fútbol.
Algo tan breve de resumir como complicado de practicar, una filosofía que lleva varios años como máxima de todo un país: no renunciamos nunca a nuestro estilo. Hemos dejado de pensar y condicionar nuestro fútbol al rival que tenemos en frente y ahora solo dependemos de nosotros mismos; si jugamos bien ganamos, así de sencillo.
Volviendo a la finalísima, nos enfrentábamos a un rival mucho más complicado de lo que el resultado final pudiera indicar, de hecho, Suiza llegaba a esta histórica cita como única imbatida de todo el torneo y con la lección bien aprendida para frenar a nuestros chicos de la “rojita“: agresividad, presión y mucho orden.
La táctica diseñada por los Suizos funcionó a la perfección hasta que le duraron las fuerzas. Demasiados kilómetros corriendo como posesos detrás del balón sin mayor recompensa que la de no dejarnos jugar.
Y así hasta que tras una perfecta recuperación, cambio de juego a la otra banda, centro y precioso testarazo de Ander Herrera puso a España con ventaja en el marcador.
Una mínima ventaja que nos acompaño durante todo el encuentro con el consiguiente y lógico sufrimiento.
Faltando únicamente diez minutos para el final del encuentro, Thiago Alcántara decidió que ya era hora de poner punto y final al sueño de la remontada que mantenía vivos a los jugadores alpinos, botó una falta con la maestría que solo tienen los genios y con una perfecta, sutil y preciosa vaselina puso el broche dorado a una Eurocopa espectacular.
Además, por si fuera poco el título que nos sitúa como los nuevos dominadores del fútbol europeo, Adrián, delantero del Deportivo de la Coruña, ha sido elegido mejor jugador del Campeonato de Europa sub 21 y también se ha adjudicado la bota de oro.
Sin embargo a mí personalmente me gustaría resaltar la figura de otro jugador. Uno de esos futbolistas considerados “feos” por la labor que desempeñan pero fundamentales para cualquier entrenador por el trabajo, seguridad, madurez y constancia que otorga a todos los equipos.
Sí, como han podido imaginar estoy hablando de Javi Martínez.
Y es que, el mediocentro del Athletic de Bilbao ha hecho y deshecho a su total antojo durante todo el torneo; pareciera que por fin disfrutábamos en nuestro bando de aquel primo fuerte de “Zumosol” que tanto ansiábamos tener y nunca teníamos. Un fiel y perfecto escudero para que todos aquellos talentosos jugadores de los que disponemos jugaran sin mayor presión que la de disfrutar porque si perdían un balón allí estaba el “león” de San Mamés para salvar la situación.
Parece que me estoy acostumbrando a ganar, ¿será malo?
Mientras dure, que les aseguro durará, yo pienso disfrutar.
Gracias por hacerme tan feliz.
César Labrandero









