La alargada sombra de Dunga…
Era el turno para la pentacampeona Brasil, el mundo esperaba ilusionado el estreno de una nueva generación de futbolistas comandados y liderados por el joven mohicano Neymar.
Mano Menezes, seleccionador brasileño, contribuyó a disparar las expectativas futbolísticas confeccionado un once titular más que atractivo.
De hecho, puso todo el poder ofensivo de la canarinha a servicio del espectador.
Una lanza de ataque formada por Ganso como cerebro y perfecto escudero para los virtuosos del balón que copaban el tridente brasileño: Neymar – Pato – Robinho.
Pues bien, de todos ellos, el único que se salvó finalmente de la quema y mostró algo más que el resto fue el milanista Alexander Pato.
Neymar y Robinho parecían más preocupados de dejar algún truco, regate o detalle con el balón a fin de ganar protagonismo el día siguiente en todos los medios de la prensa mundial, que verdaderamente de sumar tres puntos y ganar el partido para su selección.
Soy plenamente consciente de que la vistosidad, imaginación y alegría es aquello que diferencia a este tipo de jugadores y los hace realmente especiales pero entiendo que hay formas y momentos para hacerlo, no todo vale.
Daba comienzo el encuentro con una fulgurante Brasil, unos primeros minutos en los que la selección carioca zarandeaba cual muñeco de trapo a unos resignados venezolanos que únicamente podían esperar y rezar para no salir vapuleados.
Emergían los primeros brotes del “jogo bonito“, la torcida brasileña al completo alzaba los brazos al cielo para agradecer a los dioses una evidente recuperación de sus valores deportivos. ¡Solo faltaba el gol!
Y no llegaría nunca.
A medida que pasaban los minutos, el prometedor inicio tornó en cruel pesadilla. Las rápidas y eléctricas combinaciones mutaron en largos balonazos sin ningún sentido; los caños, paredes, bicicletas y taconazos del principio se convirtieron en misión imposible incluso para el más valiente aventurero.
Nada salía y la canarinha se conformaba con un triste empate sin goles cayendo de nuevo en profunda depresión.
Visto lo visto, les pregunto: ¿en qué ha mejorado Brasil?
César Labrandero










Pues brasil decepcionó, como bien comentas parecía que estaban más por la labor de hacer marabares con el balón que de buscar el gol. Muy lenta la circulación de balón y sólo cuando combianron más directo lllegaron los dos mano a mano con el portero venezolano por parte de robinho y neymar, además del tiro al travesaño de pato. aún así merecieron ganar por estas oportunidades desperdiciadas que estoy comentando, que en caso de haber convertido una de ellas, el partido posiblemente hubiera cambiado y obligaría a venezuela a dejar más espacios atrás. Dani alves muy bien, pero cada vez que hacía un desmarque de ruptura por la derecha tardaban un mundo en meterle el balón con ventaja, por tanto, cuando se lo daban era en estático, con la el zaguero de turno bien posicionado.