Robin Van Persie declaró que el arbitraje había sido “un chiste” pero no reía nadie. “Acabamos de jugar ante un gran equipo,” dijo, “y un árbitro aún mejor.” Su compañero Jack Wilshere también optó por un tono irónico: “El árbitro ha estado bien,” twitteó. Y, cuando sonó el pitido final del Barcelona-Arsenal, Arsene Wenger insistió a Pep Guardiola que le diera las gracias a Massimo Busacca. Después dijo que la roja a Van Persie era “imposible”. Aquél momento había “cambiado por completo al partido”.
La reacción era inevitable y entendible, fruto de las circunstancias y la calentura. El Arsenal acababa de quedar noqueado de la Champions League y perder a un delantero por algo tan irrelevante, escuece. Pero tres días después Wenger seguía con el mismo discurso. La roja había “cambiado totalmente la eliminatoria”; olvidados de Messi o Xavi o Iniesta, el Arsenal se había quedado fuera por Busacca; la Uefa es una “dictadura” que no tiene “humildad”. Al Arsenal le habían robado.
Al enfrentarse al árbitro, a la Uefa, Wenger evitó la necesidad de enfrentarse a la realidad.
Más allá de las decisiones arbitrales que podían haberle perjudicado al Barcelona, que las hubo, la realidad es un partido en que el Arsenal llegó a ser el primer equipo desde que existen las estadísticas en no tirar una sola vez a puerta. El Barcelona tiró más veces a la portería del Barcelona que el Arsenal. La roja pudo haber cambiado el resultado – ¿quién sabe qué habría pasado sin ella? Pero no cambió tanto el partido ni el juego. Antes de la roja, con once, tampoco había tirado el Arsenal; se había arrinconado. Antes y después, el dominio del Barcelona seguía siendo total. El Arsenal pareció un equipo mediocre. Y no lo es.
Eso sí, el Arsenal había marcado. Perdón, Sergio Busquets había marcado para el Arsenal. El Arsenal pudo haber marcado otro – perdón, uno – cuando la ocasión de Niklas Bendtner. Pero relativamente pocos han hablado de ella.
Wenger, desde luego que no. Aquella ocasión es una verdad incómoda para los dos equipos: es verdad que el Barcelona, por todo su dominio, podía haberse quedado fuera. Y es verdad que el Arsenal pudo pasar. Pero si no pasa por aquel error, pues no pasa por culpa propia. Así que mejor hablar del árbitro.
Enfrentarse a causas ajenas sirve para huir de la necesidad de enfrentarse a causas propias. Curioso que un Arsenal que presume de una especie de superioridad moral – bien ganada, por cierto – huya de aquel discurso en este caso. Curioso que un entrenador a quién le gusta hablar del buen juego, del fútbol combinativo, un entrenador que a menudo explica las derrotas con la mala suerte o con un rival ultra-defensivo o excesivamente agresivo, no dijo nada del juego ésta vez.
Y curioso que parte de una afición que tiende a decir “pero hemos merecido más, hemos tirado más, hemos atacado más, hemos combinado más, hemos jugado mejor … hemos dominado: ¡no es justo que hayamos perdido!”, se revelara ante las estadísticas que ésta vez demostraron que el equipo que había jugado más, que había tirado más, que había dominado, que, al utilizar su propia vara de medir, había merecido ganar era el otro. El Barcelona. Como se dice en inglés: Arsenal have been out-Arsenaled. El Barcelona ha sido más Arsenal que el propio Arsenal.
Ya, pero el árbitro…
Lo dicho: enfrentarse al árbitro es evitar enfrentarse a la realidad. Por un lado es normal y no es criticable. Es normal que una afición y un entrenador sienta y mucho la injusticia. Pero la realidad es que ante el Arsenal hizo muy pocos méritos para ganar. (Y, por cierto, aunque fuera algo más pragmático, es difícil concluir que el Arsenal traicionó a su estilo; como dijo Juanma Lillo, “ante el Barcelona no haces lo que quieres, sino lo que puedes”). La realidad es que se quedó fuera de la Champions League. Y la realidad aún más aplastante es que no se trata sólo de este partido, sino de muchos más.
El fútbol le debe uno al Arsenal. Le debe uno a Arsene Wenger, un magnífico entrenador. Ha cambiado totalmente la imagen del club – el Boring Boring Arsenal (Arsenal el aburrido) se ha convertido en el equipo que juega el fútbol más técnico y preciso de Inglaterra. Ha descubierto a grandes talentos, jugadores que han dado muchas tardes de placer y que igual habrían desaparecido sin él. Ha defendido una filosofía de jugar bien. No ha fichado a base de talonario. Él es el responsable de que la estructura del club sea la que es – sólido, razonable, rentable. Él es el responsable de que tenga un estadio magnífico.
Arsene Wenger revolucionó totalmente al Arsenal. Además, es el único entrenador de un equipo que ganara la liga sin perder un sólo partido. Ha ganado dos dobletes.
Pero en los últimos años, algo falla. Es el equipo que siempre parece estar al punto de hacer algo grande, de darle un placer enorme a su afición – se me ocurre una expresión, pero mejor no – pero no llega a consumarlo. Una vez puede ser mala suerte. Dos, también. Hasta tres. ¿Pero cuatro, cinco, seis, veces? ¿De verdad que es culpa del árbitro? ¿Del destino? ¿Del animal de un central contrario? El Arsenal no ha ganado nada en seis años.
Las últimas dos semanas han sido una muestra perfecta, Arsenal en estado puro. Mucha maldición. Y la reacción de la afición, el fatalismo, ha sido ilustrativa. Parecía que podía ganarlo todo. Esta vez, sí. Pero es que entre tanto optimismo también hubo pesimismo: algo pasará, algo va a conspirar en nuestra contra. El destino. Dios no es del Arsenal. El vaso, medio vacío.
Perdió la final de la Carling Cup por una cagada monumental del portero. Se quedó fuera de la Champions League. Y ayer se quedó fuera de la FA Cup ante el Manchester United.
La derrota de ayer podría hasta ayudarle a centrarse en la liga … pero a la vez perdieron a Djourou por lo que resta de la temporada. Y, dicen muchos aficionados, el impacto psicológico puede ser brutal; confirmación que algo no va, que el destino le tiene manía. Y hasta en la liga se ha notado cierto miedo, hartazgo. Un “por favor no me tientes con algo que no es real”.
La semana pasada el United perdió con el Liverpool. ¿Motivo de alegría?
Pues, sí. Pero también motivo de frustración, de tristeza. El día anterior el Arsenal no había podido pasar del empate – a pesar de dominar totalmente.
La derrota del United le ofreció otra vida. Pero también subrayó la importancia de este empate, otra oportunidad que se le había presentado y que no se había aprovechado: “¡joder, si hubiéramos ganado! ¡Estaríamos líderes!” En vez de una oportunidad, para algunos parecía una crueldad.
Provocó esperanzas, sí, pero fatalismo también. Esperanzas que, en el fondo, sentían como falsas.
El Arsenal aún puede ganar la liga. Sería un exitazo. Se podría hablar incluso de que ya lo merece. Ha gastado muchísimo menos que los demás grandes y juega un fútbol magnífico. Pero ya pocos creen en ello. Y por debajo de la indignación, son conscientes de ello: hace dos semanas podían ganarlo todo; en dos semanas han perdido una final por una tontería, han caído por una injusticia bastante justa; han fallado a la hora de verdad, justo cuando podían convertirse en líderes; y han dominado al Manchester – las estadísticas lo demuestran, dicen, ésta vez sí – pero han perdido en la FA Cup.
De cuatro han caído tres; ojalá se equivoquen pero pocos dudan ya que caerá la otra. Busacca no será el culpable, pero puede ser la excusa.
“Tenemos que aprovechar nuestra fútbol, matar partidos y ganar torneos”
“Hemos tirado muchos partidos. Es difícil ver que juegas bien, que creas oportunidades, que dominas … y que no ganas. Te preguntas: ¿Pero qué pasa? ¿Por qué no ganamos? No quiero excusas. Y no me vale que somos un equipo de futuro; quiero ganar y quiero ganar ya. Lo demás no importa.” Esto lo dijo Cesc Fabregas.
Hace cuatro años.
Por Sid Lowe
Sid Lowe vive en Madrid y escribe una columna semanal para Guardian.co.uk. También escribe regularmente para The Guardian, World Soccer, la prestigiosa revista FourFourTwo y el Telegraph. Trabaja como comentarista deportivo para distintas cadenas de Televisión en España, Asia y EEUU.
Desde Enero de 2.011 colabora en nuestro Blog www.lascosasderobin.com .










[...] Sid Lowe – Link a la pagina original – El fatalismo del Arsenal FC [...]
Lamentablemente y extremadamente acertado. Negando la realidad no cambia nada.