Y colorín colorado, el Mundial para España se ha acabado.
Cuando el mejor jugador de la historia del baloncesto español falta a una cita tan importante como un Mundial, pasan estas cosas. Y es que la baja de Pau ha pesado mucho. Pero habrá quien diga: “Pau no jugó la final de Japón y fuimos campeones del mundo”. Y así es, pero aquella selección era un “equipo”. Y el combinado español ha sido de todo menos un bloque durante los doce días que han transcurrido de campeonato.
Y es que Serbia, despacito, sin hacer ruido, con muchos jugadores jóvenes pero con un talento y un potencial extraordinario, ha dejado fuera de las medallas a España tras vencerla por 92-89 en los cuartos de final.
La selección española nunca tuvo opciones reales de llevarse la victoria. Fue siempre por detrás en el electrónico y nunca dejó de remar contracorriente. Ni si quiera el buen partido, una vez más de JC Navarro, tuvo sus frutos.
Así que con el partido empatado, la habitual y desaparecida defensa española unida a la calidad de Teodosic (anotando un triple estratosférico a tan sólo tres segundos del final), llevó a España a la derrota.
Y se agudiza todo mucho más si tienes tres segundos para anotar y ni si quiera la ¿pizarra? del técnico da sus frutos. España no consigue lanzar, con nuestro mejor hombre realizando el saque, y Serbia en semifinales.
Pese a todo, nuestros hombres han caído con la cabeza alta. Ahora intentarán, después de seis años sin bajarse del cajón, marcharse del Mundial con un buen sabor de boca aunque sea del quinto al octavo puesto.
¡Tiempo muerto! Pero para reflexionar… y mucho.
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Javier C López








