Son muchas las conclusiones que pueden extraerse después de la derrota del Real Madrid ayer en Gerland.
Una, que el Olympique de Lyon supo muy bien cómo jugarle a los blancos.
Dos, obviamente que los madridistas deben dar un giro de ciento ochenta grados si quieren pasar a la siguiente fase de Champions.
Y, en mi opinión, tres, el bajísimo rendimiento de Ricardo Izekson Dos Santos Leite, alias Kaká.
El segundo jugador más caro del proyecto de Florentino, con más de sesenta millones de euros, no sólo no ha arrancado sino que tampoco ofrece visos de hacerlo.
Il Bambino d´Oro, como le apodaban en Milan, aquel que fue nombrado Balón de Oro y campeón de la Champions League con los rossoneros en 2007, el mismo que este verano aupó a la selección de Brasil a ganar la Copa Confederaciones, ha desaparecido del mapa.
Ayer en Lyon, el Madrid lo intentó constantemente por su banda (especialmente en la segunda parte). Sin resultado.
Kaká lo intentaba, pero una y otra vez los defensas le robaban el balón. Y lo peor de todo, no daba sensación a nadie de los que le estábamos viendo -éramos millones- de que fuese a desbordarles en ningún momento.
Esa seguridad y solvencia sí se la veíamos a otros fichajes de mucho menor renombre, como Albiol o Arbeloa.
Incluso a unos Cristiano Ronaldo, Higuaín o Granero, desafortunados asimismo, se les veía otra actitud. Hambre. Pese a estar rodeados de contrarios, lo intentaban con fe.
El partido de la semana pasada ante el colista Xerez no puede considerarse una muestra fidedigna, no nos engañemos. Muchos pensamos que Kaká había resucitado aquella jornada. En todo caso, fue una resurrección artificial.
Tampoco parece una teoría fiable la de Zidane; aquella que defiende el mal momento de Kaká aludiendo a los primeros meses grises de Zinedine en la Casa Blanca.
Zidane triunfó con creces en el Madrid y por eso ayer hizo de Embajador del club en Francia.
Lo cierto es que el tiempo pasa y Kaká sigue sin responder a las expectativas creadas.
¿Creéis que lo hará?





















