…No entiende de fronteras.
Daba comienzo la Copa América, torneo entre selecciones más antiguo del mundo y uno de los tres eventos futbolísticos más importantes del planeta junto a la Copa del Mundo y la Eurocopa.
Para su celebración no podía haber mejor escenario posible, Argentina, un país históricamente apasionado y fiel devoto del juego del balón pero que a día de hoy, y tras muchos años de larga sequía, necesita reconciliarse con el fútbol y volver a sentir esa sensación única que diferencia a los campeones del resto de mortales.
Así las cosas, toda la nación Argentina tenía expuestas buena parte de sus esperanzas en un futbolista de otro planeta, un jugador único, uno de esos deportistas que con su mera presencia sobre la cancha hace temblar las piernas a los rivales y consigue ensalzar el ánimo de toda una hinchada, porque con LEO MESSI en tu bando todo es más fácil.
Tras un inicio titubeante, en el que la selección que dirige Batista no estuvo a la altura, la desdicha de toda Argentina se confirmó con un segundo peor encuentro.
El desconsuelo no podía ser mayor. Todas las ilusiones estaban depositadas en un futbolista que con la elástica azulgrana no para de alzar títulos al cielo pero que, en cambio, con la albiceleste no consigue terminar de brillar.
¿Qué le ocurre al 10 de Argentina?
En mi opinión esta claro, para ser el mejor jugador del mundo necesitas jugar en el mejor equipo del planeta, circunstancia que diferencia a día de hoy al Barça de Pep Guardiola frente a la Argentina de Batista.
Porque, con todos mis respetos, no es lo mismo jugar con Xavi – Iniesta – Busquets que con Mascherano – Cambiasso – Banega.
Sin embargo y a pesar de las ostensibles diferencias que existen entre Barça y Argentina una cosa me gustaría dejar clara: no entierren deportivamente todavía a este futbolista porque las leyendas son eternas e inmortales.
Cuando todo pinte negro y el fracaso parezca el único camino posible, LEO MESSI aparecerá.
Ya lo verán…
César Labrandero













