
Los de Anfield acudían con muy pocas posibilidades de llegar a seminifinales tras perder en su estadio por 1-3 pero el Liverpool sacó la casta de siempre que le caracteriza, dando la cara y teniendo la determinación necesaria para ponerse con dos goles a favor ante un Chelsea que se lo tomó con tanta tranquilidad que a veces me daba la sensación de que más que tranquilo, estaba absolutamente dormido. Así se fueron con un 0-2 y recibiendo la bronca de su entrenador.
Empezó la segunda parte con un error de Pepe Reina y como si se tratase de un bálsamo, el Chelsea volvió a meterse en el partido apuntando un gol en el marcador y dejándolo en un 1-2, lo que obligaba al Liverpool a meter un gol para llegar a la prórroga y dos para ganar. Como digo, ese gol fue un bálsamo que permitió al Chelsea entrar de nuevo en el juego, dejar sus miedos atrás y dio pie para marcar dos goles más de la guisa de Lampard y del defensa brasileño Álex de zambombazo de golpe.
Todo parecía perdido con el 3-2 del marcador y con un 6-3 en el cómputo general. Sin embargo, a falta de 17 minutos el Liverpool se puso 3-4 con goles de Lucas y Kuijt. Así, a falta de un sólo gol que daría el pase acariciando la semifinal, Frank Lampard marcó el gol del empate; 4-4. El Chelsea a semifinales con el F.C. Barcelona.
Ahora, también digo que como aficionado y como ex-jugador del Liverpool, pocas veces he estado tan orgulloso de mi equipo. No pasó a semifinales pero tuve la sensación de que mi Liverpool seguía siendo mi Liverpool y de que la leyenda sigue creciendo. Y es que si un equipo tiene que perder el encuentro pues que pierda como lo perdieron ellos, con todo en contra y con la máxima rivalidad. Eso sí, sin trofeo y sin título de Campeón de Europa.