El ciclo de vida de un producto se resume en tres fases: crecimiento, madurez y declive.
Busquemos un ejemplo de un producto paradigmático para ilustrarlo: un videojuego (pensad en el que más os haya impactado en los últimos años).
Os propongo uno de lucha. Uno en el que podías escoger personajes de distintos países con distintos estilos de combate.
Aún recuerdo cuando apareció en escena.
Hasta ese momento, había habido buenos videojuegos, en distintos formatos y con distintos países de procedencia, como Estados Unidos o Japón. El fenómeno y el mercado de los videojuegos iba in crescendo y los juegos evolucionaban tanto en formato (del cassette a los cartuchos antes de llegar al CD-DVD) como en jugabilidad.
Fue en este preciso momento cuando irrumpió en el mercado este juego de lucha. Ningún juego de su estilo fue tan preciso en su ejecución, jugabilidad... y adicción.
Recuerdo que la gente se lo compraba en masa. Incluso estaban los que no podían esperar a su distribución en territorio nacional y adquirían el adaptador para juegos americanos. Los que adolecían de consola en sus casas acudían en masa a los salones recreativos. Parecía que el juego no se acababa; cuando te lo pasabas con el japonés, cambiabas de personaje. Luego con el brasileño, después con el soviético, finalmente con la chica china…
Los chicos en las escuelas contaban los minutos para la salida. Y para acudir disparados al bar con la maquinita en concreto, claro. Jamás se había visto semejante eclosión e impacto de un juego sobre una sociedad.
Hasta que un día, meses y meses después, otras marcas aprendieron y contraatacaron con otros modelos de juego. Nacieron nuevos productos que mejoraron y tumbaron al anterior Rey. Por supuesto que surgieron versiones y actualizaciones del juego relativamente triunfantes. Pero no al nivel de antes.
No como aquel equipo de dibujos animados que ganó el triplete. El tricampeón.
El equipo elegante de un elegante entrenador. El centro de campo con movilidad del balón más rápida del mundo.
Los equipos, a base de sucumbir y sucumbir, comenzaron a plantar cara y a plantear alternativas a este tipo de juego.
Lo vimos ayer en Stuttgart. El Barcelona fue un zombi durante toda la primera parte. También lo fue contra el Atleti en el Calderón.
En la segunda parte, con un rival más desgastado físicamente y con más espacios, vislumbramos de nuevo momentos gloriosos.
Pero no fueron suficientes para ganar, como antes.
El Barça tiene todas consigo para pasar la eliminatoria. Y seguirá siendo favorito para estar en la final en el Bernabeú.
Pero da la sensación de que algo se acaba. De que el ciclo se va terminando y puede que estemos ya en su fase de declive.
Sólo el tiempo determinará la fase del ciclo de vida en la que está este producto que es el F.C Barcelona.








