Volverán, que nadie lo dude.
Se deshojo la margarita. La funesta ruleta del descenso quiso detenerse finalmente en el equipo gallego dirigido por Miguel Ángel Lotina y presidido por Augusto César Lendoiro.
Así de cruel es el destino, el mismo equipo que hace unos años arrebatara una Liga a los deportivistas en la última jornada, regresó ayer para infligir un castigo más duro si cabe, mandarles a la categoría de plata del fútbol español.
Entiendo y respeto la profunda angustia que debe sentir, en el día de hoy, toda una hinchada al ver como su equipo desciende después de veinte gloriosos años al infierno de la segunda división.
Sin embargo, encuentro un rayo de esperanza entre tanto dolor.
Bien es cierto que el descenso del Deportivo de la Coruña cierra de un estruendoso portazo un ciclo triunfal en el que se consiguieron Ligas, Copas y demás gestas históricas. Bien es cierto que aquel “superdepor” de los Arsenio, Bebeto, Fran, Mauro Silva y compañía ha quedado ya para la memoria, todo esto es cierto.
Pero ¿acaso es menos cierto que para comenzar un ciclo primero hay que cerrar otro?
¡Amigos deportivistas!
¡Levanten la mirada, sacudan el polvo que yace en sus vestiduras y cierren definitivamente el dolor ingente de sus heridas!
Hagan del inhóspito y duro transitar por la segunda división el firme cimiento que sirva para crear un nuevo, rejuvenecido y otra vez glorioso Deportivo de la Coruña.
Volverán, que nadie lo dude.
César Labrandero














