
Después del primer gran resultado obtenido por el conjunto madridista en esta segunda etapa liderada y orquestada por José Mourinho, se ha ensalzado hasta los cielos a unos jugadores que hasta entonces se quemaban en los infiernos. ¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿Existe realmente tal mejoría?
Solidaridad: Empiezan a parecer once futbolistas con un mismo objetivo, lejos de saciar egos e intereses personales que no llevan a ninguna parte, han comprendido que por encima de todos está el beneficio del colectivo.
Ambición: No importan cuantos goles se marquen, siempre hay que buscar otro que amplíe aún más la diferencia con el equipo rival, debe quedar patente cada partido que esto es el Real Madrid.
Agresividad: Se mostraron como un conjunto fuerte y aguerrido en cada parte del campo, debían recuperar con la mayor brevedad posible la posesión del esférico para volver a atacar la portería rival.
Solidez: La zaga blanca es dura como una roca y fuerte como un gigante, apenas conceden ocasiones del gol durante todo el partido y tras seis jornadas son el equipo menos goleado con tan solo dos goles encajados.
Efectividad: La falta de gol y pérdida de ocasiones únicamente duró 6 jornadas, como los 6 goles que lograron ante el equipo gallego, porque cuando hay tanta calidad junta en el campo es cuestión de tiempo.
Con muchísimo camino todavía por recorrer lo que parece quedar claro es que a medida que avanzan los días, este equipo gana enteros y se están convirtiendo en una alternativa real al todopoderoso equipo culé de Pep Guardiola.
Y falta Kaka, que lejos de cualquier crítica o falta de rendimiento esperado, lo que está claro y sería absurdo negar es que se trata de un jugador “top” que encarna una de las piezas elementales y básicas en este esquema de Mourinho, el vértice del triángulo del 4-3-3 y que a día de hoy ocupa el talentoso Özil.
No lo olviden, la belleza o no, esta únicamente en los ojos de quien mira, pero es evidente que este equipo no es el mismo de hace unos meses.
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Cesar L. Perez