

La Cibeles vuelve a sonreír.
por César Labrandero
¡Grandioso partido!
No encuentro calificativos posibles que describan el maravilloso espectáculo que ayer pude vivir. Los dos mejores equipos del mundo frente a frente: un Barça de leyenda con el “Tiki-taka” por bandera frente al mejor Real Madrid de los últimos años con José Mourinho y sus once guerreros al frente de la naviera merengue.
Daba comienzo el encuentro con un trivote defensivo madridista plantado en el centro del campo pero con una modificación táctica respecto a su predecesor del Santiago Bernabéu, líneas más adelantadas presionando la salida de balón del conjunto catalán que, ante tal situación, se veía obligado una y otra vez a buscar en largo a sus delanteros.
El planteamiento táctico de José Mourinho era sencillamente perfecto, ocupaban todos los espacios posibles desactivando cualquier opción de asociación por parte de los pequeños del barça.
En la segunda mitad todo cambió. El terrible desgaste físico del principio hizo mella sobre el ánimo de los merengues. La presión sobre el poseedor del balón ya no era tan efectiva, los jugones culés aparecían como por arte de magia y todo hacía pensar que sería cuestión de tiempo que inauguraran el marcador. Sin embargo no contaron con que la portería blanca es custodiada por un santo, Iker Casillas, que con tres formidables actuaciones mantuvo a su equipo en la pelea.
Se llegaba al final del tiempo reglamentario con el empate a cero reflejado en el marcador. Tocaba prórroga. Treinta minutos más de agónico sufrimiento para los futbolistas, media hora más de disfrute para el espectador.
Era el momento para los mejores, para las estrellas, para los fichajes multimillonarios.
Y entonces apareció él, Cristiano Ronaldo, que con un salto vigoroso y remate portentoso acalló para siempre a todos aquellos que le tachaban de no aparecer en las grandes finales. Suyo fue el gol, un testarazo perfecto que enviaba un mensaje claro y conciso: aquí estoy, mi equipo vuelve a ser campeón.
Nuestra más sincera enhorabuena al conjunto blanco. Un Real Madrid que después de varios años transitando por el inhóspito desierto ha encontrado el oasis que sacie su sequía y le otorgue las fuerzas necesarias para regresar, de una vez por todas, al lugar que le corresponde.
Sin tiempo para celebraciones desmesuradas toca pasar página a la Copa de Su Majestad y centrar todas nuestras miras en la Champions League, la máxima competición internacional, el órdago de los cuatro enfrentamientos directos entre azulgranas y madridistas.
¿Confirmación merengue o revancha culé?
¡QUE VIVA EL FÚTBOL!
César Labrandero
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