Gerard Piqué Bernabeú. Veintitrés añitos. Pickenbauer para los amigos.
Uno de los tres únicos jugadores en ganar dos Champions League seguidas con dos equipos distintos.
Un jugador que salió de La Masía con apenas dicisiete años para embarcarse en la aventura del todopoderoso Manchester United. Un campeón de Europa subdiecinueve con un intervalo de veintidós partidos como titular con el Zaragoza. Después, vuelta al Manchester y campeonato de Europa para el bolsillo.
El olfato de Txiki Beguiristain lo repescaría para reconquistar su segunda Champions League consecutiva.
La saga continúa con un Piqué que se instala en la titularidad de la selección española. ¿Dónde están los límites de este chico?
Pues aún hay más. Monsieur Piqué no sólo defiende sino que sube al área rival, acompaña a centrocampistas y delanteros y, lo que es más curioso, marca goles. Y buenos.
Tanto con el Barça (cuatro goles el curso pasado), como con la Selección. También asiste tantos cruciales, como el otro día a Zlatan Ibrahimovic en el empate ante el Stuttgart (todos pensamos en ese instante: ¿qué diablos hace Pickenbauer, ahí, tan arriba?).
Si creíamos que en el fútbol estaba todo inventado, deberíamos pararnos a reflexionar un rato. Ha nacido la figura del central-delantero, un tipo de 192 cm de altura que sale con el balón jugado, pasa bien en corto y largo, tiene un descaro encomiable tanto fuera como dentro del campo, es divertido y, además de todo esto, promedia unos seis tantos por temporada sumando todas las competiciones.
Joan Laporta no ha querido dejar el club sin atar en corto a este híbrido del fútbol. Contrato hasta 2015 y doscientos millones de cláusula así lo atestiguan.
Su hermano mayor, Pep Guardiola, afirma que “si se cuida” puede hacer historia en el fútbol.
Señoras y caballeros, ha brotado la planta del Central-Delantero: Gerard Piqué Bernabeú.
















