Desde hace dos semanas se han vertido ríos de tinta sobre dos grandes del fútbol español, y más concretamente del madridismo en toda su dimensión: Raúl y Guti.
Se ha escrito prácticamente de todo, para todos los gustos, pero en todos los comentarios e impresiones, todos han coincidido en lo mismo: son dos grandes indiscutibles en la historia del Real Madrid.
Su aportación en el campo ha sido indiscutible; Raúl personificando la constancia y entrega en todo momento, Guti “un rebelde con causa“. Los dos han sentido el madridismo y lo han llevado dentro, de eso no hay duda alguna.
Pero en la trastienda del Teatro de los sueños, en la parte más privada del fútbol donde las cámaras nunca entran, es donde ambos han jugado sin lugar a dudas un papel esencial.
Un papel de líderes, un papel de motivadores, un papel de enganche, un papel de control, un papel de ejemplo, un papel de dar la cara, un papel de grandes de esta institución durante años y años.
Porque todos los que han pasado por el Real Madrid y han “estado allí” junto a ellos, en esos vestuarios de todo el mundo, en esos aviones, en los autobuses y los hoteles, saben sin lugar a dudas, lo difícil que es perdurar año tras año, lustro tras lustro en un equipo de tantísimo renombre como del que estamos hablando.
Cuántas embestidas dentro y fuera del campo han sufrido, cuántas faltas a destiempo, cuántos empujones y ellos dos han estado allí siempre, defendiendo el nombre de una institución y sirviendo de ejemplo a todas las decenas de jugadores que han pasado por la casa blanca.
Ellos se han llevado todo lo bueno, y también todo lo malo.
Por eso su salida es algo más. Se notará en el terreno de juego, pero no olviden que en los vestuarios se cuece la mayoría de las victorias y derrotas de los equipos de fútbol.
Iker tiene el reto de tomar el relevo no sólo en el terreno de juego sino también en el vestuario.
Suerte Iker.










