La selección “oranje” cumple el trámite de los octavos de final frente a una de las revelaciones de este Campeonato y ya espera a la pentacampeona Brasil por un puesto en semifinales.
Bert van Marwijkque, seleccionador Holandés, es consciente de que su equipo no practica el futbol imaginativo, asociativo y vertical que se le presupone a todo combinado “oranje” por filosofía de juego y jugadores, pero también sabe que existen muchas maneras para entrar en la historia de este deporte y una de ellas es, sin duda alguna ganar un Mundial, un camino que sigue siendo largo y muy dificultoso por la entidad de los otros rivales pero que cada vez está más cerca de lograr.
A medida que avanza el Campeonato, la zaga Holandesa, a la que a priori se la consideraba bastante frágil y poco contundente, va ganando en resistencia y solidez defensiva; buena parte de este cambio hay que otorgárselo al equilibrio táctico ofrecido por sus dos medio centros titulares, Van Bommel y De Jong que hacen posible la alineación en el once titular de cuatro jugadores ofensivos.
Los eslovacos se encontraban anestesiados por el juego lento y parsimonioso que proponían los holandeses no permitiéndoles que entraran en el encuentro salvo la clarísima oportunidad perdida por parte el jugador eslovaco Vittek y que pudo cambiar el encuentro.
Entre parsimonia y lentitud los tulipanes te ganan un partido porque en su zona ofensiva cuentan con jugadores de mucha calidad y así cuando no aparece la figura estelar de Robben surge la de Kuyt o Van Persie e incluso Sneijder que continúa con la magnífica temporada realizada con su club y lleva ya dos goles en esta Copa del Mundo.










