El Real Madrid regresaba a su campo maldito, aquel donde nunca antes había logrado la victoria. Cuatro visitas a tierras francesas y un empate a uno como mejor resultado; pobre bagaje para el club más laureado de todos los tiempos…
…Hasta ayer.
Los hombres de Remi Garde, técnico del O. Lyon, aleccionados de lo difícil que es frenar el vendaval blanco cuando este se desata, quisieron controlar el encuentro desde el primer minuto. ¿Cómo? con una perfecta y trabajada organización defensiva.
A cada balón que perdían en zonas ofensivas del campo – con posibilidad de contragolpe para los blancos – le acompañaba un fulgurante repliegue intensivo hacia puestos defensivos.
Buena iniciativa que sin embargo apenas duró ocho minutos…
Los que tardó Mesut Özil en adivinar un precioso desmarque de Benzema que a punto estuvo de plasmar el jugador galo en el 0-1 de no haber sido por una magnífica actuación de Hugo Lloris.
Ahora sí, veíamos un Real Madrid dominador. Sabedor de sus mejores capacidades técnicas y orquestados de manera extraordinariamente por Özil se lanzaron al ataque decididos a enterrar por fin una maldición propia de otros tiempos.
A los 23 minutos de la primera mitad el “cowboy” Cristiano Ronaldo se batía nuevamente en duelo con sus rivales predilectos: el esférico y un libre directo.
Sólo podía quedar un ganador y como en las 100 veces anteriores el vencedor de la contienda resultó ser el astro portugués: ¡Golazo de Cristiano Ronaldo!
La segunda mitad más por corazón que por recursos técnicos y tácticos, los locales dieron un paso al frente pero se encontraron nuevamente con una barrera insalvable para panteras, franceses y cualquier otro mortal que desafíe quebrantar el territorio que defiende el Santo madridista…
Gran victoria de los madridistas que ahuyentan mitos, maleficios y postulándose como serios candidatos a un trono europeo que todavía queda muy lejos.
César Labrandero












