Partidazo como los de antaño, dosis de épica y demostración de poder y fuerza de Cristiano Ronaldo.
Lejos de llevarnos a engaño, el encuentro comenzaba con una apabullante superioridad del equipo levantino. Tal era el mando de los chicos de Garrido que a los seis minutos de juego y tras una magnífica jugada anotaban el primer tanto del encuentro, 0-1 y tocaba remar por primera vez como locales.
Con Cristiano en el campo los remos van a motor y tan solo dos minutos después del gol visitante, CR7 lograba poner las tablas en el marcador. Un gol que suponía el preludio de otra noche mágica del portugués en el templo madridista.
A pesar del empate que refleja el luminoso, las sensaciones de juego no eran nada buenas. El Real Madrid perdía la posesión del esférico y con esto el control del encuentro, el juego asociativo rápido de toque y movimiento, desarbolaba continuamente los intentos fallidos de una medular merengue desesperada por recuperar el mando de juego. Se concedían demasiados metros y muchos segundos a la imaginación futbolera de un Santi Cazorla que encontraba con total facilidad los desmarques de ruptura iniciados una y otra vez por los dos estiletes castellonenses, Rossi y Marcos Rubén, demasiadas coincidencias que evocaban un mal presagio.
Tan solo el cegador deslumbramiento del intenso amarillo que portaban los castellonenses en sus elásticas, evitaban recordar la terrible pesadilla que vivieron aquel fatídico día con el coco azulgrana.
Fruto de tal superioridad no tardaría en llegar una nueva ventaja del conjunto visitante, esta vez el encargado era Marcos Rubén y la dinámica era la misma: balón a la espalda de la zaga blanca que el delantero argentino se encargaba de materializar en gol con una preciosa vaselina.
A punto de afrontar ya el camino de los vestuarios, resurgió de nuevo el salvador de los merengues. Fallo de marca de los castellonenses y Cristiano Ronaldo cabeceaba al fondo de las mayas un magnífico centro servido por el donostiarra Xabi Alonso, 2-2 y la mejor noticia era el resultado.
El tiempo de descanso sirvió para demostrar una vez más, si todavía fuera necesario, el magnífico estratega que tiene el Real Madrid como entrenador. Mou planteó una reestructuración total de un equipo que se quedaba con tres centrales y fortalecía el centro del campo con dos carrileros largos, Marcelo-Di María y una viga más de contención, el teutón Sami Khedira.
A partir de entonces todo cambió. El coraje, la fuerza y la determinación con la que los blancos se lanzaron hacia la victoria final petrificó a los castellonenses que ya no eran ni la sombra de aquel equipo que maravillaba en la primera mitad. El Santiago Bernabéu se transformaba con la disfraz de las grandes citas y la comunión entre afición y jugadores era total, solo había que esperar.
La ambición insaciable de CR7 volvió a aflorar nuevamente. Un gol que llegaba con ración de polémica incluida. Finalmente el tanto subía al marcador y el Real Madrid lograba darle la vuelta al encuentro.
La recta final del partido dejó otro regalo más para los madridistas, la recuperación satisfactoria del deseado Kaká que quiso celebrarlo apuntándose al festín goleador de su colega portugués.
Cristiano Ronaldo con 3 goles y una asistencia fue el gran portagonista de la noche y con el 4-2 definitivo el Real Madrid sigue en su particular caza y captura de su máximo rival.
César Labrandero
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