He dicho muchas veces, que todo lo que he conseguido en mi carrera deportiva y profesional en el fútbol, se lo debo al rugby.
Como británico que soy, en la escuela, el rugby era obligatorio porque practicarlo era la mejor educación humana para cualquier persona.
Si hoy hacemos un repaso de lo qué es el deporte español, sería incapaz de encontrar palabras adecuadas, y solo me viene a la cabeza un H… ¡!
En baloncesto, liderados por el hombre de los dos anillos NBA somos la envidia de esta disciplina. Los Pau Gasol, Juan Carlos Navarro, Rudy Fernandez, Jose Manuel Calderón plantan batalla al mejor combinado NBA (ya lo vimos en los JJ.OO. de Pekín ) y arrasan sistemáticamente cualquier cosa que se les pone por delante desde que Jose Vicente Hernandez (Pepu) lograra aquel mítico campeonato del Mundo en Japón en el 2006.
En motociclismo Pedrosa y Lorenzo empequeñecen la mítica figura de Rossi, y dominan la categoría reina en Moto GP.
En ciclismo, Alberto Contador, dando muestras de una capacidad de sufrimiento sobrehumanas en la última contrarreloj del Tour, consigue su tercera victoria en los Campos Elíseos hace escasos días.
Alonso, ese Asturiano rebelde de la Fórmula 1, bicampeón del mundo con Renault, salta a McLaren, se enfrenta a Hamilton, y acaba en la mítica escudería del Caballino Rampante: Ferrari… sí, he dicho bien, Ferrari (piénsenlo, por favor). ¿Quién se lo hubiera imaginado tan solo hace unos años?
Un tal Rafael Nadal, un chico más bien normal, de ese tipo de hijo que todas las madres les gustaría tener, pasa por encima con la garra y la modestia de un campeón a todo lo que se le pone por delante en una pista de tenis (ya sea rápida o lenta, del hemisferio norte o sur). Nadie puede con él. Y cuando juega la Davis, todos ya asumimos que la mítica ensaladera ya esta en casa.
Y el fútbol… hace tan solo dos años… lo normal en los titulares de los periódicos eran los míticos: “No pudo ser“, “Se acabo el Sueño“, “La mala suerte se ceba con la Selección Española“, y la afición se quejaba de que “falta un líder”, “no sienten la roja“, “no tenemos gol“…
Entonces aparecieron ellos, el gran relevo generacional, los Torres, Iniesta, Xavi, Casillas y compañía y se llevaron frente a los alemanes el campeonato de Europa de Selecciones.
Todos pensamos… ¡que suerte! ¿Cuanto nos durará? ¿Realidad o espejismo?
Y entonces al mando de un fenómeno de la modestia como es Vicente del Bosque, viajamos al Mundial de Sudáfrica 2010 a defender el título de campeones de Europa y a luchar por la nueva corona.
Y lo de siempre, lo de todos los años y lo de esto ya lo he visto antes. Perdimos el primer partido y todo se nos vino abajo. ¡Menos a ellos! Y siguieron con fe su camino, nos llevaron a la final y somos campeones del Mundo en una batalla campal frente a la naranja mecánica holandesa.
Y entonces llegó, como les había prometido, el deporte de equipo por excelencia. El deporte de los caballeros y los gladiadores. El rugby.
El rugby a 7 ya es olímpico, y en esta modalidad nuestras chicas ya son desde hace unas semanas campeonas de Europa. Es un buen comienzo.
En el Rugby XV estamos muy lejos del nivel de Sudáfrica, Francia, Inglaterra o Nueva Zelanda. Pero pienso que también lo estábamos realísticamente en otros deportes donde ahora somos campeones y envidia del mundo.
Aquí las instituciones como el CSD y la Federación Española de rugby ya se han puesto en marcha porque su papel es transcendental. ¿El Objetivo? Ser campeones del Mundo. En otras disciplinas ya lo hemos conseguido. Solo es cuestión de empujar todos en la misma dirección.
Créanme… ¡este país necesita rugby!









