Siete años de sinsabores, cientos de millones puestos encima de la mesa y sobre todo la llegada de un técnico, José Mourinho, han hecho posible el reencuentro de los merengues con su gran oportunidad: volver a disputar una final. ¡Enhorabuena madridistas!.
Buena disposición táctica ofrecida por Gregorio Manzano al que pareció cautivarle aquel invento de jugar con tres medio centros que introdujo su homónimo blanco en el Ramón Sánchez Pizjuán y trató de imitarlo. Así, alineó juntos a los ya habituales Zokora – Romaric guiados por su nuevo fichaje Rakitic, jugador llamado a poner la luz a tanto derroche físico Africano.
Controlada la impetuosidad de los merengues en el centro del campo, lo confiaron todo a su tripleta atacante: Jesús Navas pondría la verticalidad, frenada completamente por un imponente Álvaro Arbeloa; Kanouté era el encargado de aportar pinceladas de creatividad; y por último, Negredo traería el ansiado remate final que fuera capaz de batir al ángel de los madridistas.
Por su parte José Mourinho no especuló con posibles inventos y dispuso al que a día de hoy es su mejor once inicial, equipo titular vestido de gala en busca de alcanzar su final soñada.
Demasiado ritmo impuesto en la primera mitad, con todo el peligro que ello conlleva, intercambio de golpes innecesarios puesto que eran los Sevillistas quienes debían arriesgar. Fútbol control en el segundo acto esperando la desesperación de los de Nervión.
Y así fue. El profesor Manzano, viendo que los minutos pasaban sin ningún resultado, decidió introducir cambios en busca del milagro. La solución, en contra de ofrecer lo esperado, desmoronó el castillo de naipes que con tanto esfuerzo habían levantado. Líneas de pase abiertas que los merengues supieron aprovechar; Özil, con exquisita tranquilidad, batía por bajo al meta Varas. Partido cerrado y billete sellado para la final.
Me gustaría destacar el partidazo de Karim Benzema. Lo hizo todo bien: movilidad, asociación con sus compañeros e incluso algo a lo que no nos tenía acostumbrados, largas sesiones de presión intensiva dificultando la salida de balón del contrario.
Todo bien excepto lo más importante para un delantero centro: el gol… ¿Será que su mejor posición no es la de nueve referencia?
En cambio, Adebayor (este sí que es un depredador del área) tardó únicamente ocho minutos en abrir su cuenta goleadora como jugador blanco.
Insisto, si Benzema tiene el juego y Adebayor el gol, ¿Por qué no alinearlos juntos?
Nuestra más sincera enhorabuena al Sevilla, equipo protagonista estos últimos años de la Copa de Su Majestad. Esta vez no pudo ser pero a buen seguro que volverán; gracias por los excelentes momentos que nos habéis regalado.
César Labrandero












