El técnico blaugrana, Pep Guardiola, previendo el intenso choque que tendrá lugar el próximo miércoles en tierras Londinenses frente al Arsenal de Cesc Fabregas, introdujo numerosos cambios en el once titular. Ésta vez los jugadores menos habituales no rindieron al nivel esperado y el Barça lo acabaría pagando.
La zaga Catalana carecía de la disciplina, el mando y la autoridad que otorga el gran capitán Puyol. Entre las habilidades técnicas que definen a Javier Mascherano no se encuentra precisamente un inicio de juego claro, rápido y acorde con una posesión de más del 70 %. Finalmente, en la zona ofensiva del equipo Afellay, proyecto de buen jugador, dista mucho a día de hoy del Tinerfeño Pedro.
Daba comienzo el encuentro con un Sporting confiado en poner fin a la gloriosa racha de victorias de sus amigos Catalanes; Creían en sus posibilidades y así lo demostraron desde el primer minuto de juego.
Fruto de la intensidad con la que afrontaron el encuentro llegó el primer gol de los locales. Más que gol, golazo. David Barral sería el encargado de abrir el marcador con una excelente jugada individual. Tocaba remontar.
Ante la falta de hábito de sentirse por debajo del marcador y sin atisbos de encontrar su precioso juego habitual los jugadores culés se miraban atónitos unos a otros preguntándose: ¿y ahora que hacemos?
A medida que pasaban los minutos el encuentro tornaba cada vez más en desenlace épico, situación ésta que el equipo Catalán no sabe manejar ya que “únicamente” conocen el camino del buen juego para lograr la victoria.
Cuando tan solo quedaban diez minutos para el pitido final, Leo Messi encontró a David Villa desmarcado en la frontal del área; Oportunidad que no desaprovecharía el Guaje para equilibrar el marcador y darle a su equipo un punto que, dadas las circunstancias, tiene sabor a victoria.
Lo que son las cosas. Aquellos que parecían enemigos eternos e irreconciliables – Preciado vs Mourinho – finalmente han terminado como mejores aliados. Imaginamos que en tiempo de San Valentín el Dios Cupido habrá obrado el milagro.
César L. Perez.











