Dos de los equipos más en forma del fútbol español se enfrentaban cara a cara con la clara intención de reivindicarse como aspirantes en una Liga acaparada y monopolizada por los dos grandes favoritos al título: Real Madrid y F.C. Barcelona.
Con los ecos de la última derrota ante el equipo culé todavía sonando, llegaban los pupilos de Quique Sánchez Flores a un nuevo desafío, si cabe aún más complicado que el anterior.
Se enfrentaban al actual líder e invicto conjunto valencianista, con una acumulación evidente de partidos sobre sus piernas (3 en apenas 6 días), y además debiendo demostrar que éste equipo colchonero es mucho más que un único jugador, que también pueden ganar un importante choque sin la presencia de su máxima y pequeña estrella argentina sobre el terreno de juego… el Kun Agüero.
Por su parte el conjunto ché, en palabras de su propio técnico Unay Emery, no tenía otra intención que la de sumar los tres puntos para seguir haciendo soñar y disfrutar a toda una hinchada falta de alegrías deportivas en los últimos años.
El encuentro comenzaba de manera más favorable para los rojiblancos, parecían mucho más metidos en el encuentro y con las ideas de juego bien asimiladas. Dispusieron unas líneas muy adelantadas que dificultaban mucho el juego valencianista y permitían a los de Quique presionar muy arriba la salida de balón favoreciendo una rápida recuperación de la posesión en zonas muy avanzadas del terreno de juego.
Además mostraron durante estos primeros 45 minutos una solidez defensiva poco habitual y una gran capacidad para salir a la contra, en apenas un par de toques se plantaban en las inmediaciones de la porteria que defendía el veterano guardameta César Sánchez, no obstante llegó de esta manera el primer tanto del encuentro anotado por el portugués Simao.
En la segunda mitad hubo un cambio de papeles y de color. El futuro inmediato parecía teñirse de naranja valenciano. Los cambios introducidos por el técnico ché parecieron dar sus frutos, toque de corneta y asedio sobre la portería de un, otra vez, excepcional David de Gea que se postuló nuevamente como héroe de su equipo.
Finalmente Llorente aprovechó una oportunidad de las múltiples que gozaron todo el equipo y subió al marcador el empate y que sería definitivo (1-1). Un tanto que hace justicia a un partido que tuvo una mitad para cada equipo.
El encuentro nos recuerda una vez más que hay vida más allá de los favoritos. Tenemos equipos muy buenos, que sin lugar a dudas, van a dar mucho que hablar a lo largo de esta apasionante temporada.
Cesar L.









