No apto para cardíacos.
El Real Madrid vuelve al lugar que nunca debió perder. Estar entre los cuatro mejores equipos del viejo continente se tornaba en una necesidad, sin embargo el ADN blanco exige todavía más: “ya que hemos llegado hasta aquí ¿por qué no un último esfuerzo hasta la gran final?”
Para lograr tan deseado privilegio habrá que eliminar a todo un FC Barcelona. De ahí que la alegría de todos los aficionados merengues sea algo contenida; a pesar de ello les aseguro una cosa: Pep Guardiola tampoco estará muy contento de tener que enfrentarse a José Mourinho y su equipazo madridista.
Al margen de futuros acontecimientos vivamos el momento actual y gritemos a los cuatro vientos: ¡Tenemos semifinal española!
El encuentro en sí tuvo poca historia: venció el mejor conjunto de los dos.
Y es que realmente es así, ayer el Madrid también fue mejor que el Tottenham. Continúa con su inmaculada e imparable trayectoria fuera de nuestras fronteras venciendo y superando deportivamente a todos y cada uno de sus rivales, algo que era poco probable a principios de temporada y que José Mourinho ha hecho posible.
Porque desde que se produjera la llegada del técnico luso a la casa blanca hasta el día de hoy el equipo ha ganado enteros en numerosas facetas del juego: son más maduros, más competitivos, disponen de una mejor organización tanto defensiva como ofensiva… requisitos propios y necesarios de cualquier equipo que aspira a hacer algo importante al máximo nivel.
Ese y no otro ha sido el secreto de José Mourinho: hacer que once extraordinarios futbolistas formaran un equipo.
El Real Madrid ha vuelto, otra vez.
César Labrandero













